Cómo ser resistente durante una crisis

En tiempos de crisis, la vida puede parecer abrumadora. La incertidumbre domina, las emociones se disparan y la supervivencia se convierte en la prioridad. Aunque es natural sentirse desorientado, también es posible desarrollar resiliencia e incluso fortalecerse ante la adversidad.

La resiliencia es algo más que recuperarse: consiste en aprender a adaptarse, conectar y encontrar sentido. Aplicando herramientas prácticas y cultivando la mentalidad adecuada, puedes convertir los retos en oportunidades de crecimiento.

He aquí cómo mantener la resiliencia durante una crisis y construir los cimientos de una fortaleza a largo plazo.

Priorizar la supervivencia

Cuando se produce una catástrofe, la supervivencia es la prioridad principal de tu cerebro. Por eso, la base de la pirámide de valores del nuevo libro de Brad Hook, *Start With Values*, es la supervivencia. Antes de poder centrarte en ideales como el propósito o la creatividad, debes satisfacer tus necesidades inmediatas: seguridad, comida, agua y refugio. Sin embargo, conectar brevemente con tus valores en momentos de angustia puede ayudarte a recuperar la sensación de normalidad y de tener un propósito.

Actuar fuera de alineación con tus valores habituales durante este tiempo no es un fracaso; es la naturaleza humana.

Qué hacer:
- Evaluar las necesidades: Identifique lo esencial: refugio, recursos, seguridad.
- Actúe: Busque ayuda, recurra a los recursos de la comunidad o pida apoyo a sus seres queridos.

Céntrese en satisfacer estas necesidades antes de preocuparse por los objetivos a largo plazo.

Cultivar una mentalidad resistente

La mentalidad es una herramienta poderosa para superar las crisis. En lugar de preguntarte: "¿Por qué me está pasando esto a mí ?

Esta pregunta cambia tu perspectiva y te ayuda a centrarte en los pasos que puedes dar. Reformular la crisis como una oportunidad para aprender, conectar y crecer la transforma en una oportunidad para fortalecer tu carácter y tus relaciones.

Qué hacer:
- Reformular los retos: Escribe una forma en que esta crisis podría ayudarte a crecer.
- Pregúntate a ti mismo: "¿Cuál es un pequeño paso útil que puedo dar ahora mismo?".

Acepta lo que no puedes controlar

Una de las lecciones más duras durante una crisis es dejar ir lo que no se puede controlar. La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) nos enseña a reconocer las realidades dolorosas sin juzgarlas y a centrarnos en aquello sobre lo que podemos influir.

Luchar contra lo incontrolable crea un estrés innecesario. La aceptación libera energía para actuar con sentido.

Qué hacer:
- Concentra tu energía: Escribe dos listas: "Lo que puedo controlar" y "Lo que no puedo controlar". Redirige tu atención a la primera lista.
- Practica la conexión a tierra: La respiración profunda o la atención plena pueden centrar tus pensamientos.

Apóyese en la conexión y la camaradería

Las crisis suelen unir a las personas. Los actos de bondad, las luchas compartidas y la resiliencia colectiva crean un sentimiento de propósito y pertenencia. Curiosamente, los estudios demuestran que los problemas de salud mental a veces disminuyen durante las crisis, como la Segunda Guerra Mundial, ya que las personas se unen en torno a un propósito compartido.

Qué hacer:
- Tender la mano: Póngase en contacto con sus seres queridos o vecinos. Simples actos de apoyo, como escuchar u ofrecer ayuda, fomentan la conexión.
- Colaborar: Únete a los esfuerzos de la comunidad o hazte voluntario para ayudar a los demás.

Ayudar a los demás a menudo refuerza tu propia resistencia.

Normalizar las respuestas emocionales

El dolor, el miedo y la frustración son normales durante las crisis. Es posible que pases por emociones como la negación, la ira o la tristeza, tal como se describe en el ciclo del duelo de Kübler-Ross. Reconocer que estos sentimientos son naturales puede ayudarte a procesarlos.

Qué hacer:
- Siente lo que sientes: Escribir un diario o hablar con alguien de confianza puede ser catártico.
- Crea un espacio para el duelo: Reconoce lo que has perdido, pero no insistas en ello.

Desarrollar la flexibilidad cognitiva

La flexibilidad cognitiva—la capacidad de adaptar el pensamiento a nuevas situaciones— es fundamental para la resiliencia. En lugar de aferrarte rígidamente a los planes anteriores, pregúntate: «¿Cuál es mi mejor opción ahora?». Esta mentalidad te ayuda a afrontar la incertidumbre con claridad y concentración.

Qué hacer:
- Mantente abierto: Desafía pensamientos rígidos como "no puedo hacer esto" preguntándote "¿qué más es posible?"
- Experimenta: Prueba pasos pequeños y adaptables para comprobar lo que funciona.

La flexibilidad te mantiene conectado a tierra mientras encuentras nuevos caminos.

Mantener ritmos que favorezcan el bienestar

Cuando las rutinas se alteran, es fácil descuidar el sueño, la nutrición o el movimiento. Sin embargo, estos pequeños ritmos te anclan en el caos. El sueño, en particular, es vital para la claridad mental y la regulación emocional.

Qué hacer:
- Simplificar los hábitos: Proponte una comida nutritiva, 15 minutos de movimiento y breves periodos de descanso si el sueño es difícil.
- Establece microrritmos: Crea momentos predecibles en tu día, como estiramientos matutinos o reflexiones vespertinas.

Reformular los retos como oportunidades

Aunque las crisis son dolorosas, a menudo revelan puntos fuertes que no sabías que tenías. Profundizan las relaciones, ponen a prueba su capacidad de adaptación y enseñan valiosas lecciones. Al replantear la adversidad como una oportunidad para crecer, cultivas la antifragilidad, la capacidad de prosperar a través de los retos.

Qué hacer:
- Busca lecciones: Escribe una cosa que esta crisis te haya enseñado sobre ti mismo o sobre los demás.
- Busca un propósito: Pregúntate: "¿Cómo puedo utilizar esta experiencia para ayudar a otra persona?".

Planificar el futuro

La resiliencia es algo más que sobrevivir hoy. Se trata de construir una base para futuros retos. Reflexiona sobre lo que te ha ayudado a superar la crisis y cómo puedes incorporar estas herramientas a tu vida cotidiana.

Qué hacer:
- Reflexionar: ¿Qué ha funcionado bien? ¿Qué podría mejorar?
- Prepararse: Refuerza hábitos como el ahorro de recursos, la creación de redes sociales o la práctica de la atención plena.

La resiliencia es un viaje

Las crisis nos suponen un reto, pero también una oportunidad para crecer. Si te centras en la supervivencia, adoptas una mentalidad resistente y te mantienes conectado, podrás superar incluso las situaciones más difíciles. Y lo que es más, puedes salir de ellas más fuerte, más sabio y más preparado para el futuro.

A veces nos vemos directamente afectados, mientras que otras veces observamos cómo se desarrolla la crisis desde la distancia, lo que conlleva diferentes retos, como el sentimiento de culpa del superviviente o el aumento de los precios del combustible.

La clave es recordar que la resiliencia no consiste en evitar las dificultades, sino en adaptarse, aprender y encontrar un sentido ante la adversidad.

Ve paso a paso. Lo tienes.