10 pasos para mejorar el impacto y la influencia como líder, ejecutivo y profesional
Este artículo pretende ayudar a líderes, ejecutivos y profesionales a entender y mejorar su presencia. La presencia, en este caso, es la capacidad aprendida de conseguir impacto e influencia. Para ello, debemos entender cómo comprometernos, conectar e influir a través de un conjunto de habilidades. Las habilidades físicas, emocionales y cognitivas requieren conciencia, dominio, empatía e influencia.
Visualice la diferencia entre dos ejecutivos que presentan un caso. El primero llega tarde y es un poco caótico. Tiene los hombros caídos, la cabeza gacha y el ceño fruncido. Comienza la presentación sin levantar la vista ni establecer contacto visual. Divaga y repite. El público empieza a juguetear.
La segunda llega pronto y está llena de energía. Tiende la mano para presentarse a medida que llega la gente. Está bien presentada. Su postura es abierta y relajada, sonríe y mantiene un fuerte contacto visual. Da la bienvenida y las gracias al público, y comienza la presentación con tres puntos claramente articulados. El público participa.
Dominar la presencia no es fácil. Aprendemos diversos patrones a lo largo de nuestra vida con el mimetismo, el ensayo, el error y la suerte. Construir tu presencia profesional requiere disciplina y tiempo. Aquí tienes diez pasos en los que debes trabajar.
1. Defina su objetivo
En cada interacción profesional son posibles múltiples resultados. Empiece por definir claramente lo que quiere conseguir. Imagina la posición de las personas sobre las que quieres influir. ¿Cuál es su estado físico? ¿Qué sienten? ¿Qué pueden estar pensando y planeando? A partir de ahí, ¿cómo quieres que te vean? ¿Qué quieres que transmitan tus señales físicas, emocionales y mentales?
2. Preparar bien
Al igual que un atleta se prepara para una competición, tu objetivo es estar "en forma". Dormir bien, relajarse, alimentarse y hacer ejercicio prepararán su cuerpo y su mente para tener un impacto más positivo. Durante su rutina de ejercicios la mañana de la reunión, asegúrese de estirarse completamente, aumentar su ritmo cardíaco y hacer al menos tres ejercicios de resistencia (fuerza). Esto optimizará tus hormonas, reducirá la angustia y despejará tu mente. Vístase adecuadamente y compruebe su postura en el espejo.
Trabaja en tu estado emocional. Esto empieza por generar una energía relajada. Busca el estado emocional apropiado para la reunión. Amplía tu respeto por las personas con las que te vas a reunir y concéntrate en lo que sentirás al tener éxito.
Tómate unos minutos para despejar la mente y eliminar las distracciones. Apaga tus dispositivos. Repasa los pasos críticos para la reunión, las posibles objeciones y variaciones y aclara el objetivo y por qué es esencial para ti. El cuerpo, la emoción y la mente están preparados.
3. Asegure el primer segundo
Está demostrado que los primeros 40 milisegundos determinan la respuesta o la reacción de los demás. Prepárate para ese momento. Estírate, abre tu postura manteniéndola erguida y relajada. No cierres los brazos -ni las cosas- delante de ti. Mantén las manos abiertas y visibles. Busca una sonrisa relajada y cálida con los ojos arrugados. Mire directa y respetuosamente a los demás. Si eres demasiado formal o dominante, cierras el vínculo. Busca una amabilidad tranquila y confiada. Connect, then Lead es una buena referencia.
4. Autoconocimiento
Ésta es la parte difícil. Con la presión del tiempo, el riesgo y la sobrecarga, la autoconciencia se cierra y nos volvemos reactivos y frágiles. Recomiendo el mantra para esta función crítica: "revisa el cuerpo, revisa la emoción, revisa la mente". La exploración de tu fisiología, cuerpo, emoción y mente debe permanecer activa. Aprende a controlar la respiración, el ritmo cardíaco, la postura, las emociones y el parloteo mental.
Bajo presión, la luz de la autoconciencia se apaga. Debes mantenerla activa. Mientras seas consciente de tu estado (cuerpo, emoción y mente), estarás al mando y podrás reaccionar. Esta disciplina debe practicarse durante años para que sea eficaz en una negociación difícil. Practica en entornos seguros. Nombra y domestica. Aclarar. Repetir. Un coach puede ayudar. Con el tiempo, mantener esta percepción biológica se convertirá en algo natural y automático.
5. Consejos físicos
El cuerpo es una señal grande y ruidosa. Hemos evolucionado para estar alerta a las señales físicas. Una inhalación aguda, una retirada rápida, la mandíbula tensa, el párpado inferior o el puño provocan cambios inmediatos en tu estado y en el de los que te rodean. Un músculo de la mandíbula abultado puede desencadenar una reacción postraumática en alguien que haya crecido con un padre enfadado.
Dedica tiempo a conocer tu postura. Examina fotos y pregunta a quienes te conocen qué notan. Acude a un fisioterapeuta para una evaluación postural. Un masaje regular mantendrá los hombros y el cuello flexibles y relajados. Estírese a diario. Esté atento al modo en que se sienta y se levanta. Encuentre un equilibrio entre la postura encorvada (retraída) y la inclinada hacia delante (agresiva). Las palmas de las manos deben estar abiertas y ser expresivas, pero no deben agitarse como un pájaro.
6. Consejos emocionales
Los seres humanos expresamos una amplia gama de emociones con capas de sutileza. Su cara y su voz envían cientos de señales a velocidades inferiores al segundo. Las emociones nos mueven: del miedo a la evitación, de la ira a la defensa y de la tristeza al colapso. Los demás vigilan nuestras señales emocionales para poder reaccionar adecuadamente.
La base de la inteligencia emocional es ser capaz de percibir y dominar el juego de estas emociones fugaces. Aprende a poner nombre a tus emociones. Asegúrate de que tus señales sean coherentes. Por ejemplo, decir "¡NO ESTOY ENFADADO!" cuando tu cara es de furia oscura es confuso. Los demás no se sienten seguros y la confianza se derrumba. No tenías ni idea de lo que sentías.
Aprende a estar en sintonía con estas emociones. Cuando se es consciente de una emoción (se le pone nombre), ésta pierde su poder de atracción y reacción. Ahora podemos "domarla" y avanzar hacia un estado emocional más constructivo (reformularla). Cuando prevalecen emociones como la curiosidad, el aprecio, la gratitud y la amabilidad, podemos sintonizar plenamente con los demás.
7. Consejos cognitivos y lingüísticos
La mente puede estar llena de ruido, un sinfín de parloteos mentales sobre esto y aquello. Bajo la influencia del miedo, la mente entra en bucles repetitivos de preocupación por el futuro. Cuando predomina la ira o la tristeza, rumiamos repetidamente sucesos pasados. Cuando tu mente está atrapada en estos bucles sin sentido, la consciencia falla. No puedes controlar tus estados y te desentiendes de lo que ocurre en los demás y en el proceso.
Mantén tu atención firmemente en el momento presente. Entonces podrás elegir las palabras adecuadas para exponer tu caso con claridad y eficacia. Antes de abrir la boca, pregúntate cuál es la mejor manera de expresar lo que quieres decir.
8. Empatía frente a angustia empática
En el diálogo, la primera prioridad es sentirnos seguros. Luego queremos saber si se nos escucha. Por último, queremos confirmar interés y atención. La empatía es el proceso de asegurarse de que estas señales se reciben con claridad. Con la empatía física, entramos en el espacio de una conversación con calidez y confianza. No tan cerca ni tan dominantes como para amenazar. No demasiado lejos ni distraídos con aparatos. Demuestra que estás totalmente presente y comprometido.
Mientras tanto, presta mucha atención a las señales físicas y emocionales de la otra persona. ¿Qué te dicen su postura, su expresión facial o su tono de voz? ¿Puedes nombrar e imaginar lo que está sintiendo? Esto es empatía emocional. La empatía cognitiva te ayuda a entender lo que puede estar pensando. Observa su cuerpo, sus emociones y su mente.
Estamos diseñados para sentir lo que detectamos en los demás. Las emociones pueden ser fuertes y contagiosas. Si una persona está enfadada, furiosa o triste, la misma emoción puede contagiarte. Si estás enfadado, pierdes la capacidad de pensar con claridad y resolver el problema. Te ayudaría dejar de sentir "angustia empática". Conduce a la simpatía y al exceso de cuidados. En lugar de animarles a resolver su reto, les dejamos salir del atolladero. Peor aún, les recompensamos con una golosina o una gratificación. Esto es mala crianza o gestión. En el peor de los casos, mentimos. En lugar de abordar el problema, decimos a la gente que "todo va bien".
Mantén la calma, sé positivo y controla tu estado emocional en las conversaciones difíciles. No dejes que la angustia de los demás provoque en ti estados emocionales reactivos.
9. Reconocimiento y resonancia
Has participado plenamente en una conversación. Se muestra tranquilo y positivo. Has escuchado a todos los niveles. Tienes una visión precisa de la realidad de la otra persona. El siguiente paso es no dejarles ninguna duda de que se sienten seguros, escuchados y atendidos. Por ejemplo: "Agradezco y respeto tu sinceridad. Parece que te sientes ansioso y piensas que le hemos fallado al cliente. ¿Estoy en lo cierto?
Ha reconocido plenamente a la otra persona y ha establecido lo que puede llamarse resonancia. Hay un sentimiento compartido de respeto, honestidad, apoyo y confianza. Hemos sentado las bases de una influencia y un liderazgo poderosos cuando estos dos elementos están asegurados.
10. Influencia flexible
Diferentes personas, momentos y situaciones requieren una influencia y un liderazgo flexibles. Esta es una gran habilidad. Has afianzado tu autoconciencia (abajo a la izquierda), dominas tus propios estados (abajo a la derecha) y sintonizas con precisión con los demás (arriba a la izquierda).
Ahora está preparado para ejercer influencia y liderazgo. El reto consiste en elegir el estilo adecuado. Saber cuándo ser dominante y cuándo ser más amable. Sepa cuándo debe aumentar la emoción y cuándo la lógica. Por ejemplo, si se reúne con el equipo financiero, la lógica y la calma amable (guardián) probablemente funcionen mejor. Si está presentando un plan de ventas al Director General, querrá ser más dominante y lógico (conductor).
Si te diriges a un empresario, querrás dominancia pero también emoción (pionero), y si quieres el apoyo de la gente y la cultura, podrías ser amable y emocional (integrador). Conocer estos estilos y reconocer el que mejor se adapta a cada situación te da la flexibilidad necesaria para conseguir el compromiso de los demás en distintas circunstancias. Una vez más, requiere práctica.
En resumen, estas diez disciplinas pueden practicarse y perfeccionarse para ayudarte a presentar la mejor versión de ti mismo y negociar una colaboración poderosa con los demás. En lugar de ser inconsciente y reactivo, te convertirás en una persona autodirigida, en sintonía con los demás y lo bastante flexible como para encontrar la solución adecuada a un liderazgo complejo.
Ahora te toca a ti.

